lunes, 1 de diciembre de 2008

¿Aún te ilusionas con cosas así?

Tiempo de ilusionarse, tiempo de fracasar, tiempo de olvidarse…
Tiempo de ilusionarse.
Todo empezó por azar, como quien no quiere la cosa. Un clic en el ordenador a la ventana con tu nombre y hablé contigo. Esperaba una charla de cinco minutos, como lo son todas las que se hacen con gente no habitual, no cotidiana… Sin embargo fue todo lo contrario, como de dos personas que se conocieran mucho más que de tan sólo una coincidencia en un encuentro meses atrás… Sin duda, una grata sorpresa, una de ésas que a veces te regala el día a día…
Inquietudes, deseos, viajes, proyectos, esbozos de nuestra vida cotidiana… De todo parecía poder hablarse en estas conversaciones. Hubo muchas veces que me preguntaba… ¿Y si hubiera decidido no hacer clic en la ventana que tenía tu nombre?
Pronto empezaron también los piropos y el verme empujado a corresponder un poco, yo, que no tengo ningún arte a la hora de echarlos… Todo me recordaba al preludio de un tiempo maravilloso de años atrás, que como todo, ya acabó.
En breve volveríamos a coincidir, una amiga en común daba un giro radical a su vida y allí estaríamos, en su fiesta de despedida, en una fiesta parecida a la que por primera vez nos vimos… Cómo esperaba ese momento…
El día anterior, en mitad de los preparativos de sorpresas para esta amiga común:
- ¿Sabes? Tengo ganas de verte…
- Tonto… Jejejeje…
Tiempo de fracasar.
Y llegó el día tan esperado, tan deseado. Fue un día duro, un día de estrés, de contratiempos de última hora, de carreras y nervios, de prisas y agobios. Pero al fin llegó el momento de la cena, con todo listo, todo a punto y sin que nuestra amiga en común hubiera llegado aún.
Allí estabas tú, te vi muy guapa, aunque tú los días anteriores insistías en que no lo estabas por culpa de una alergia.
Me dijiste que me veías agobiado, quizá mi nerviosismo te echó atrás, pero nada de lo que soñé e imaginé para ese día que tanto esperaba se produjo. Te imaginé al lado mío en la cena, conociéndote y sabiendo un poco más de ti, invitándote a un chupito y brindando por un encuentro próximo solos y bailando contigo en la fiesta que habría después de la cena.
Pero nada de eso pasó. No hablé casi contigo, no viniste a la fiesta de después, te pregunté si vendrías, yo aún esperaba que se pudiera recuperar el tiempo perdido, que tan sólo fuera un aplazamiento. Ni una foto juntos, aunque yo te lo solicité, a ver si podía por una de aquellas, poder estar un rato contigo, aunque sólo fuera un instante tras hacérnosla… Pero nada… En un momento dado viniste a despedirte, yo seguía agobiado, parecía que las sorpresas preparadas requerían de mí hasta el límite, sin que hubiera nada más y sin que pudiera acabar de relajarme… Por todo, no se puede decir que fuera mi noche…
Dos besos:
- ¿Nos veremos pronto, no?
- Algo haremos…- sonó esperanzador.
Sin embargo, decían que te vieron muy pendiente del móvil durante la cena… Todo parecía indicar que tenías otros planes tras la misma…
Discoteca, bailes, gente conocida, fotos bajo un cansancio atroz… Nada de lo que yo imaginé se produjo.
Camino a casa, ya en mi calle, mientras el reloj de la farmacia marcaba las 5:19, de una noche más bien fría, me iba con la sensación de haber rozado la perfección como amigo y colega, pero de haber fracasado estrepitosamente como conquistador y seductor. Una vez más.
Tiempo de olvidarse.
El día de la cena pareció un punto de inflexión, un punto de no retorno, un punto en el que no esperaba encontrarme.
Las conversaciones perdieron su magia y su frescura, hacer clic en la ventana que ponía tu nombre ya no era lo que hacía tan poco había sido y si quería compartir un rato de charla, era yo quien yo debía acercarme a tu ventana. La ventana que ponía mi nombre ya nunca recibió una visita tuya.
Mis llamadas no recibieron respuesta y mis pretensiones de quedar tampoco, ni tan siquiera una propuesta tuya para otro día. Parecías tan centrada en tus problemas: gripe, mal ambiente en tu trabajo, mal rollo con tus compañeras y lo que más me dolió, por inesperado, por lo que había sentido cuando nos contábamos cosas, tu preocupación por un chico al que no querías perder aunque él no hacía más que ponértelo en bandeja.
En una noche de tos y Viks Vaporub soñé contigo. Lo único que recuerdo de ese sueño era que me decías sonriendo, encantada con la situación:
- ¡Vaya! Parece que te ha salido un duro competidor…
A lo que yo respondía, sabiendo que no era mi mejor momento:
- No me preocupa lo duro que sea el competidor sino las condiciones y circunstancias que pones a uno y a otro…
Yo, que nunca entendí muy bien el refrán Más vale malo conocido que bueno por conocer, no entendía tu actitud, tus esfuerzos por recuperar algo tan deteriorado cuando se presenta una nueva oportunidad. Me di cuenta de que quizá me había ilusionado tontamente, de que había echado muy pronto las campanas al vuelo, aunque ya he dicho que todo me recordaba al preludio de un tiempo que fue maravilloso.
Aunque me duela, aunque quizá pierda una buena oportunidad, quizá lo mejor sea olvidarme de ti. Parece que en estos asuntos, cuanto más te empeñas en hacer una cosa, peor sale…
Mi intención es hacer de esto un tiempo de olvido, pero ¿saldrá bien? ¿Será más bien un tiempo de sufrimiento? ¿Conseguiré mi propósito? El tiempo lo dirá…

Me desperté hecho un manojo de nervios. Me había quedado dormido en el tranvía y me había pasado de parada. Otro día duro con los chavales en el comedor escolar en el que trabajaba, sólo que aquél, el sueño me había vencido. Desconcertado y sudoroso, fui a ponerme en pie y cargado con mi mochila me acerqué hasta la puerta. Paró y otro chico salía conmigo. Me resultó muy familiar. Vestía exactamente la misma ropa que yo, los mismos pantalones vaqueros, la misma mochila, el mismo jersey, llevaba las mismas gafas. Mi desconcierto aumentó y no pude evitar quedarme mirándolo fijamente.
Cuando me disponía a cruzar al otro lado de las vías, noté que se me acercaba y con una sonrisa de superioridad y de condescendencia me decía:
- Pero Juanba, ¿aún te ilusionas con cosas así?


Noviembre de 2008.

No hay comentarios: